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Estudio de la UWI sugiere que el pescado y las verduras podrían aliviar la carga de medicación contra el glaucoma

St. Andrew
Estudio de la UWI sugiere que el pescado y las verduras podrían aliviar la carga de medicación contra el glaucoma

Lo que hay en el plato puede influir silenciosamente en el control del glaucoma y en la cantidad de medicamentos que un paciente necesita para combatir esta afección que deteriora la vista.

Esa es la observación central del investigador de la salud Genesis Edokpa en su trabajo Association Between Diet and Number of Prescribed Medications in Glaucoma Patients, presentado a principios de este año en la 16.ª Conferencia Nacional Anual de Investigación del Ministerio de Salud y Bienestar, en el hotel The Jamaica Pegasus en New Kingston.

Edokpa, adscrito al Caribbean Institute for Health Research (CAIHR) de The University of the West Indies (UWI), Mona, señaló que el glaucoma es una de las principales causas de ceguera permanente en el mundo y pesa de forma especial sobre las poblaciones afrocaribeñas, con un riesgo de seis a ocho veces mayor que el de las personas caucásicas.

La enfermedad se caracteriza principalmente por una presión elevada en el interior del ojo, que va desgastando gradualmente el nervio óptico y provoca una pérdida de visión irreversible. El tratamiento clínico suele centrarse en reducir esa presión con colirios medicados o, si hace falta, cirugía.

Según Edokpa, existen hasta seis clases distintas de medicación contra el glaucoma, y un mismo paciente puede terminar con más de una cuando un solo fármaco no basta.

«El número de medicamentos utilizados puede servir como indicador de la gravedad de la enfermedad o de lo difícil que es controlarla», subrayó.

Esa realidad ha impulsado el interés por si las decisiones cotidianas de estilo de vida —en particular la dieta— podrían reforzar discretamente el tratamiento habitual. Edokpa recordó que trabajos previos insinuaban una relación entre ciertos alimentos y el riesgo de glaucoma, pero ningún estudio había centrado antes el vínculo entre hábitos alimentarios y la cantidad de medicinas necesarias para mantener la afección bajo control.

Para cerrar esa brecha, realizó un estudio transversal con 109 personas con glaucoma primario de ángulo abierto, la forma más extendida de la enfermedad. Los participantes procedían del University Hospital of the West Indies y de un consultorio privado de oftalmología en Kingston.

Mediante un cuestionario detallado sobre salud y estilo de vida, el equipo registró tanto la medicación prescrita como la ingesta alimentaria durante tres meses. Los alimentos se agruparon en 10 categorías —desde cereales y féculas hasta verduras, frutas, pescado y bebidas como café y té—, y los participantes consignaron con qué frecuencia y en qué cantidad comían para que los investigadores calcularan el consumo diario medio.

El análisis también tuvo en cuenta la edad, el sexo, la hipertensión, la diabetes, la actividad física y la adherencia al tratamiento farmacológico, ya que cada uno de esos factores puede influir en la evolución de la enfermedad.

Al analizar los datos, la mayoría de los grupos alimentarios mostraron escasa relación con el uso de medicación, pero dos destacaron: pescado y verduras. Los pacientes que comían más de ambos tenían notablemente menos probabilidades de estar con varios fármacos contra el glaucoma.

Edokpa afirmó que la biología probablemente explica el patrón. Pescados como sardinas, atún y caballa aportan abundantes ácidos grasos omega-3, que la investigación ha asociado a una menor presión intraocular. Verduras de hoja como callaloo, pak choi, espinaca y kale aportan nitratos y vitaminas antioxidantes que favorecen un mejor drenaje del humor acuoso y alivian la presión.

Los hallazgos sugieren que la dieta podría tener un papel de apoyo en la atención del glaucoma y quizá aligerar la carga terapéutica, aunque Edokpa subrayó de inmediato que el trabajo muestra asociación, no causalidad.

«La nutrición no cura el glaucoma, pero puede complementar los métodos tradicionales de tratamiento», dijo.

El investigador reconoció varias limitaciones. El diseño transversal impide sacar conclusiones firmes de causa y efecto, el tamaño de la muestra es modesto y la información dietética fue declarada por los propios participantes, lo que deja margen de error. Para afinar trabajos futuros, ya se han recogido muestras biológicas y se custodian en CAIHR para un análisis más riguroso en cuanto se obtenga financiación.

Más allá de la ciencia, el estudio tiene peso práctico. En una región donde el glaucoma es frecuente y dañino, la posibilidad de que cambios cotidianos en la mesa reduzcan la carga de la enfermedad anima y está al alcance de muchos pacientes, dándoles un sentido de control junto a sus recetas.

El trabajo de Edokpa también prepara el terreno para investigaciones posteriores, incluido cómo distintos alimentos podrían actuar en conjunto y si los efectos dietéticos varían según el sexo u otros marcadores demográficos. Con el tiempo, la nutrición podría acercarse a convertirse en parte consolidada del manejo formal del glaucoma.

El mensaje es sencillo: los colirios y la cirugía siguen siendo centrales, pero lo del plato también puede importar. Para quienes viven con glaucoma, esa perspectiva podría resultar alentadora y transformadora.

Sindicado desde Jamaica Gleaner · publicado originalmente el .

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